Carlos Fernández Llaneza

EL OTERO

CARLOS FERNÁNDEZ LLANEZA

«Entré en la librería y aspiré aquel perfume a papel y magia que inexplicablemente a nadie se le había ocurrido embotellar”. (Carlos Ruiz Zafón. El juego del ángel)

 

La calle Doctor Casal en 1921 no era el centro urbano y comercial que es hoy. Probablemente algunos habrían visto un poco osado abrir un negocio en aquella calle, máxime si se trataba de una librería, aunque, en sus inicios, compaginara la venta de libros, principalmente textos escolares, con papelería e imprenta. El emprendedor era Alfredo Quirós Fernández, nacido en 1901 en el pueblo castrillonense de Pillarno. Como tantos otros asturianos de aquella época, con 16 años, emigró a Cuba, donde trabajó como aprendiz en los almacenes “El Encanto”. Aquella experiencia fue una excelente escuela comercial. Regresó a Asturias en 1920 y, tras reunir un pequeño capital, puso en marcha, junto con José Pérez, la librería en las proximidades de la conocida como “Catedral del Ensanche”, inaugurada hacía poco más de cinco años. Inicios difíciles que se pudieron sobre llevar gracias al apoyo de Aurelia, su mujer, maestra de profesión. Alfredo Quirós era un hombre, sin duda, de mente abierta. Innovador. Respetuoso. Liberal. Inquieto. Qué no daríamos por conservar grabaciones de las animadas tertulias en la trastienda. Por allí pasaban personas con distintas formas de ver la realidad pero unidas por el respeto y el amor por los libros. Y así, podían debatir desde algún cura a un agente de la policía secreta o Paco Ignacio Taibo –que llegó a trabajar de chico de los recados–, Alarcos, Lombardero, Villa Pastur o Ángel González. Ricos encuentros en la rebotica que sembraron en la entonces joven Conchita Quirós la simiente para que años después floreciera “Foro Abierto” como reflejo de aquel espacio de debate y dialéctica en tiempos, no lo olvidemos, en los que la discusión en libertad, sencillamente, estaba vetada. La inquietud de Alfredo Quirós por mantenerse en primera línea le llevaba a viajar a Madrid o Barcelona y traer ejemplares de novedades editoriales para que los ovetenses pudieran disfrutar de las primicias al mismo tiempo que las grandes ciudades. O conseguir libros en Francia e Hispanoamérica, censurados en España, que formaban la que podríamos definir como “biblioteca de los libros prohibidos”. En alguna ocasión llegaban en cajas bajo facturas de biblias y sólo clientes de confianza accedían a esta sección.

Hay un nombre indisociablemente unido al devenir de la librería: Conchita Quirós, tristemente fallecida en febrero de 2021; eso sí, perdura el recuerdo de su sempiterna sonrisa y su amabilidad. Por sus venas seguro que corría también algo de tinta de los más de medio millón de ejemplares que ocupan los anaqueles de la librería actualmente. Como manifestó en una entrevista: “Crecí en este lugar y todos mis recuerdos y afanes me traen aquí. Si desempolvo la memoria vuelvo a los días escolares en que del colegio volvía a Cervantes y me ponía a revolver los libros. En mi casa siempre se inculcó el amor a los libros”. Una vida de vocación y dedicación que consiguió que aquella aventura, iniciada por su padre, llegase a ser un referente para los amantes de los libros mucho más allá de las fronteras de Oviedo y de Asturias. Heredera de esa ambición de mejora continua, de innovación, y de estar siempre en primera línea, al igual que su padre, se esforzaba por tener las novedades al mismo tiempo que las grandes ciudades. Con un don especial para descubrir nuevos talentos y editoriales prometedoras. Bien la definía Julia Navarro en una entrevista en La Nueva España hace unos días: “Aquella mujer tenía una personalidad totalmente arrolladora. Era todo un referente, una persona con una gran categoría personal y profesional”. Conchita fue una persona inolvidable y carismática que hoy, además, recibe el agradecimiento de la ciudad al reconocerla como hija adoptiva de Oviedo. Reconocimiento más que merecido.

Oviedo goza de la fortuna de disponer de muchas y muy buenas librerías; lamentablemente, también, hemos visto alguna quedarse por el camino. Sirva este centenario, asimismo, como homenaje a todos los que, contra todas las dificultades, pelean por que el libro perdure para que podamos seguir viajando, disfrutando, aprendiendo, imaginando, soñando…

Que esta centenaria librería, ahora bajo los cuidados de otro Alfredo Quirós, nieto del fundador, cumpla muchos años más contribuyendo a que Oviedo siga siendo ciudad “librera”.

FUENTE: LA NUEVA ESPAÑA

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