Esta es la historia de la librería contada por D. Alfredo Quirós Fernández (1900-1995) de su propio puño y letra. Un documento histórico imprescindible para nosotros.


 

La librería Cervantes de Oviedo fue fundada por Alfredo Quirós después de dos años de haber regresado de Cuba, en 1919 poco más de 4 años. Cuando llegue a aquel país (17 años después de su independencia) la colonia gallega y asturiana era muy numerosa. Nos confundían llamándonos a ambos gallegos. Ambas entidades tenían en la Habana, en la parte más céntrica, un palacio hermoso cada una. El de Asturias lo había dirigido un arquitecto asturiano oriundo de mi pueblo Manuel Busto. Se parecía al de la Diputación de Asturias y el sanatorio de los asturianos llamado Quinta Covadonga creo, sinceramente que no había otro igual en toda América y quizá en todo el mundo; estaba emplazado en un barrio con una superficie mayor que el Campo de San Francisco, cerrado con verja y un edificio dedicado a la administración y 17 pabellones par las diferentes enfermedades; medicina general, aparato digestivo, oftalmología, orina, psiquiatría, fiebres (había mucho tifus) hidroterapia, tuberculosis, venéreas (en estas abundaban mucho los enfermos), etc. A mi me parecían francamente preciosos, algunos con columnas que me parecían edificios de arte griego y todos donados por asturianos que habían hecho fortuna en ingenios de azúcar, tabaco y a los grandes almacenes de tejidos que…. especialmente de tejidos que es a lo que más se dirigen los asturianos.

Cuando llegue a Oviedo en mayo de 1921, unos 10 años después de que inaugurara la Catedral del Ensanche, así llamaban humorísticamente a la iglesia de San Juan del Real, había al lado y en frente, bastantes años después, dos almacenes de madera donde nunca se había edificado. En la calle Uría, al final y a la izquierda, había una casa de planta baja y a la derecha una recién construida, que por cierto en la guerra me tocó retirar entre los escombros un cadáver, consecuencias de la explosión de un polvorín que tenían los nacionales en el sótano material de guerra, fue un estruendo tan grande que retumbó hasta la librería.

Los primeros años empecé solo teniendo libros escolares y libro didáctico para el profesorado de la Normal y para los maestros. He preferido llamar maestros a los que se dedican a enseñanza básica porque se dedican a los primeros años de la vida y se acercan al niño y a la familia ¿Quizá sea esta opinión por haber sido maestra más de 40 años, mi esposa?

En los finales de la guerra y durante muchos años había en la librería tertulias de muy distintos políticos, exceptuando fascistas, se discutía con calor y se comentaba lo que se oía en las radios extranjeras, la BBC, Berlín, París y la Radio Pirenaica. La más ponderada según la mayoría era la BBC inglesa.

A los 8 años de mi llegada me trasladé del número 7 al número 5 de la misma calle y entonces amplié el surtido a Librería Genera. ¡Fue mi mejor época!, cuando se leía a Pío Baroja, Azorín, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, Galdós, Pérez de Ayala, Neruda, Concha Espina, etc., etc. continuando con los literatos, ensayistas y novelistas posteriores.

Yo en aquella época leía mucho y tenía tan buenos clientes que confiaban en mi y tenía el encargo de enviarles de enviarles todos los libros que me gustaran que yo había leído; nunca me habían devuelto ninguno, tal era nuestra compenetración. Posteriormente empezaron a publicarse los premios Nobel, Goncourt, Pulitzer de los que hicimos varias decenas de suscripciones.

Un dato curioso, uno de los clientes que siempre se quedaba con todo lo que le enviaba, se enfermó de parálisis, vino su esposa a pagar los libros que yo le mandaba y al decirle yo que eran 2.700 pesetas agregó que le mandara libros mejores, aunque fueran más caros sin fijarme en el precio, tanto le quería y admiraba que pensaba que lo más caro sería lo mejor. Sus hijos enterados me dijeron que siguiera enviando los libros como siempre, los que yo eligiera, lo cual hice hasta hace pocos años que ambos perecieron

Hacia los años cuarenta y tantos hubo las primeras oposiciones de sacerdotes a las parroquias de Asturias y al hacer pedidos de libros, libros adecuados a estas oposiciones pedía 5 Censuris y 5 Generalis, tomos de una obra de Noldin. Al día siguiente vino un censor de correos y me dijo: que significa esta ridícula y ofensiva tarjeta; al explicarle el significado que era una obra de moral en latín de varios tomos quedó todo confuso dándome toda clase de excusas. Los demás encuentros con la censura no los cuento porque causarían risa y sonrojo.

Efectivamente el librero, si es posible debe ser o hacerse erudito y al mismo tiempo muy comerciante para sobrevivir. Cualquier otra forma es mucho más lucrativa.

Cuando me jubilé a los 77 años creo sinceramente que debía hacerlo y dar paso a la gente joven más preparada. Hoy es casi imprescindible una formación universitaria.

Las librerías deben especializarse si son locales pequeños, si disponen de un espacio es conveniente dividirla en secciones: técnicas, científicas, literarias y subdividirlas según los metros cuadrados de que se disponen.

La vocación es indispensable para todas las profesiones que la persona haya elegido o que las circunstancias le hayan proporcionado; desgraciado aquel que siempre está disconforme con su trabajo. Yo que trabajaba en el tejido y estaba al lado de una librería envidiaba al dependiente que tenía a su disposición tanta sabiduría, así que a los dos años de mi regreso de Cuba, vine a Oviedo a buscar un local y encontré a Doctor Casal 7, cediéndome 50 metros un almacén de ultramarinos y a los 8 años al número 5 que era el mismo propietario con doble precio y doble alquiler, de 180 pesetas a 360 pesetas mensuales (si no fuera la guerra que tanto me hizo sufrir) diría ahora ya nonagenario que fui feliz. Que tratamos con lo mejor de la sociedad (sin incluir a los señoritos que afortunadamente en Asturias no los hay) directores intelectuales y empresariales y con todos aquellos que sienten la necesidad sana de mejorar su vida intelectual y material. A la clase media y trabajadora que intenta que sus descendientes, con la colaboración de los dedicados a la enseñanza, facultades, escuelas universitarias y de formación profesional; que pretenden con toda la ilusión que sus hijos alcancen las metas que ellos no pudieron lograr.

El librero en general creo no debe estar comprometido con ningún partido político, salvo que un credo político o religioso funde su librería para propagar sus ideas. El talento liberal (no de segurado), respetuoso con todas las religiones y políticas (excepto las dictaduras) creo que es el que debe prevalecer en todo buen librero, sin prescindir en su interior de sus convicciones religiosas o políticas.

La televisión individualmente resta gente al placer de la lectura, porque es más cómodo y pasivo oír lo que echan que leer; pero actualmente hay mucho más público preparada que antes que puede leer.

Cuando llegue a Oviedo en 1921 solamente había el edificio de la universidad donde se albergaba Derecho, Letras y Químicas. ¿Cuántas facultades, escuelas universitarias, formación profesional y colegios hay en Asturias?

Cuando yo me jubilé (salvo unos meses) siempre fui presidente del Sindicato de Libreros y con los datos que poseía de Hacienda de los comercios que pagaban licencia fiscal de librería ocupábamos el tercer lugar de España. Madrid, Barcelona y Asturias y el PRIMERO de España con arreglo a los habitantes. También ocupábamos ese lugar en Institutos, escuelas y bibliotecas.

Actualmente el crecimiento ha sido fabuloso. Se han instalado varias editoriales y están produciendo muchísimos libros, entre ellos grandes historias y arte, patrocinando gran parte de ellos el Principado, Cajas de Ahorros y Bancos; algunos de ellos para obsequiar a sus clientes.

Las librerías de Oviedo, Gijón y Avilés han aumentado en cantidad y calidad. El 90% de los municipios han abierto una o varias librerías. Creo que seguimos los primeros de España con arreglo a sus habitantes.

Datos Biográficos:

Mi esposa y yo hemos nacido en uno de los pueblos más bonitos de Asturias: Pillarno de Castrillón, yo ya llegué a nonagenario y ella a octogenaria. Me establecí en 1921 y ella levó 40 años de maestra nacional, hemos tenido 4 hijos. Mis abuelos maternos y paternos han tenido cada uno doce. Ella dice que si tuviera 16 años volvería a estudiar magisterio y yo sin titubear volvería a ser librero.

 

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