Oviedo acaba de rendir esta mañana sus mayores honores a cuatro nuevos hijos predilectos de la ciudad en una ceremonia solemne en el Auditorio Príncipe Felipe, marcada por las ausencias de Concha Quirós y Jaime Álvarez-Buylla, ya fallecidos, y por el tesón de la cronista oficial Carmen Ruiz-Tilve, que pese a sufrir un accidente doméstico esta misma mañana logró incorporarse a la ceremonia entre ovaciones. El escenógrafo Emilio Sagi completó la nómina de los homenajeados.

El acto, lo abrieron los versos y la música del «Va, pensiero», el himno que Verdi inmortalizó en «Nabucco» y que sonó en el Auditorio en la grabación del coro de la Ópera de Oviedo, correspondiente a las funciones del primer título de la temporada ovetense de este año. Un montaje audiovisual dio paso a una primera aproximación a los homenajeados. En el vídeo, el barítono Simón Orfila habló sobre Sagi, Andrés Muslera, histórico librero de Cervantes, sobre Conchita Quirós,  Isabel Torrente, sobre Carmen Ruiz-Tilve; y el neurólogo Carlos Lahoz, sobre Jaime Álvarez-Buylla.

La lectura del acta y la entrega, una a una, de las distinciones, comenzó con el escenógrafo Emilio Sagi, glosado por María José Suárez. La mezzosoprano ovetense habló del «artista aclamado», pero también de una «persona sumamente querida por la comunidad lírica». «El mayor deseo en la profesión», resumió, «es trabajar con Emilio Sagi. Ve más allá de la evidencia. Ve, escucha y siente más allá de lo que podemos nosotros, siempre leal a su equipo, la familia que eligió, la familia de la profesión». Suárez se refirió a la saga familiar de Sagi, a Luis Sagi Vela, «si esto no te marca», resumió. El discurso de Suárez no olvidó el orgullo carbayón del director de escena -«como los cómicos de antes, Emilio carga con su maleta en los aeropuertos de todo el mundo. Se la perdieron muchas veces, pero yo creo que es azul, porque lo primero que ven en los programas de todo el mundo es que nació en Oviedo«- y broméo con la idea de que, «como los Reyes», había elegido Extremadura para su retiro. La mezzo, que tuvo también un recuerdo para Javier Escobar y Pepa Ojanguren, compañeros de vida de Emilio, cerró cantando «Caballero de gracia».

Sagi, muy agradecido y honrado, habló un poco de sus orígenes. «Soy de Oviedo, nací en Oviedo en 1948, cuando empezaba la primera temporada de ópera. Mi padre estaba viendo ‘Rigoletto’. Estudié en Oviedo, debuté en el Campoamor en el 80, mi carrera se hizo grande pero siempre volví a Oviedo. Esta es mi tierra aunque viva en Alicante y siempre me aplauden cuando hago algo en el Campoamor. Soy de aquí, estaré aquí y volveré aquí«.

La música siguió marcando el tono de la gala, con Evaristo Arce glosando la figura del médico y gran melómano que fue Jaime Álvarez-Buylla. «Si toda gloria es póstuma», leyó el periodista, «toda popularidad es contingente y efímera. Cuestión aparte es el prestigio. Jaime vivió al margen de los vaivenes de ambas. Profesionalmente fue un médico humanista comprometido con la sociedad, un ciudadano responsable, ovetense inclusivo y transversal, fue Filarmónico hasta la extenuación y el sacrificio personal, tertuliano infatigable, tolerante y divertido». Arce defendió que Buylla tuvo «la vida que quiso, fue en cualquier situación un hombre cabal y bueno» y tuvo un recuerdo para su viuda, Margarita, y sus hijos Jaime y Manuel, «fueron su más valioso patrimonio y son su mejor legado». Precisamente Margarita Álvarez Santullano, fue la encargada de recoger el título y su hijo Manuel Álvarez-Buylla quien dio la respuesta. Citó a los grandes amigos de su padre con los que comparte ahora el tíulo, «Paulino Vicente, Valentín Masip» y dio las gracias a la gran familia Álvarez-Buylla y los médicos, una profesión que les ha marcado. Jaime, contó, es el tercer Álvarez-Buylla hijo predilecto de Oviedo, y los tres fueron médicos.

Un cuarteto de músicos de Oviedo Filarmonía interpretó después un «Divertimento» en si bemol de Mozart y «Asturias, leyenda» de Isaac Albéniz para dar paso a la glosa de la cronista Carmen Ruiz-Tilve, que en ese momento, y debido al citado accidente doméstico, todavía no había llegado al Auditorio. Las palabras de Carlos Llaneza tuvieron, no obstante, que interrumpirse cuando Carmen llegó en medio de su discurso y un gran ovación la recibió.

En el discurso de hija predilecta se habló de Carmen como la «ovetense periférica que bajaba desde los prados Naranco a empaparse del centro de la ciudad», como escribió el periodista José Manuel Vaquero en el prólogo de uno de sus libros. Se recordaron sus famosos «Pliegos de cordel» publicados en LA NUEVA ESPAÑA y su gran amor a Oviedo: «Sus escritos rezuman contagiosa pasión, en su obra está lo mejor de Oviedo, un Oviedo real alejado de tópicos y del tipismo de cartón piedra. Nos enseñó a escribir de Oviedo, nos ayudó a conocer el Oviedo que fue para entender el Oviedo que es». Fernández Llaneza se dirigió a la homenajeada para cerrar su intervención: «Carmen, has sido, eres y serás siempre un patrimonio para esta ciudad».

El Alcalde, Alfredo Canteli, descendió hasta el patio de butacas para entregar a la cronista, visiblemente emocionada, su pergamino. Su hijo trasladó la gratitud de toda la familia y de los servicios de urgencia del HUCA que le ayudaron a estar presente en su homenaje. «Amar es un lugar», dijo citando a Margarit, «todos somos un poco promiscuos en esto, pero mi madre es monógama, tiene claro que el lugar que quiere es Oviedo. Y ese amor es correspondido», concluyó.

Cerró el acto la entrega del título de hija adoptiva a Concha Quirós, la dueña de la centenaria librería Cervantes fallecida en febrero de este año. Fernando Menéndez glosó si figura y arrancó con una cita muy reciente, cuando la escritora Julia Navarro, hace pocos días dijo, en el teatro Filarmónica que «Conchita trasciende las fronteras asturianas». Menéndez incidió en la voluntad de Conchita Quirós de hacer crecer su librería: «Concha como mujer supone ejemplo y aliento para cualquier mujer que quiera abrirse paso en cualquier profesión y hacer valer su capacidad por encima de cualquier discriminación», concluyó antes de leer el poema que le dedicó en un libro homenaje.

Su sobrino Alfredo Quirós recogió el diploma y destacó su suerte por haber sido «treinta años fiel escudero, permanente aprendiz y confidente de Concha». Para invocar el espíritu de la indomable librera que fue Concha Quirós, su sobrino volvió al pregón que ella leyó en San Mateo y que arrancaba con un «es más que un sueño, es sentirme ovetense, mateína y parte de esta ciudad». En ese afecto, resumió, los libros competían con Oviedo y, así, pidió al público: «nunca dejéis de leer, de amar a esta ciudad».

La «Cavalleria rusticana» de Mascagni y música de Federico Chueca pusieron otro intermedio musical antes de que Alfredo Canteli, tomara la palabra. El Alcalde celebró la llegada de la cronista al acto y definió la ceremonia como «uno de esos momentos grandes», el de homenajear a personas «empeñadas en que esta sea la mejor ciudad del mundo». Canteli insistió en su admiración por todos los premiados y desear el mantenimiento de su legado en la ciudad para siempre.

La música volvió a cerrar el acto, al que siguió, en el Campo san Francisco, la inauguración oficial de la avenida, que lleva el nombre de Jaime Álvarez-Buylla.

FUENTE: LA NUEVA ESPAÑA

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